Los cuatro cuerpos:
viernes, 10 de diciembre de 2010 by Oz
Un día, iba caminando hacia el centro de la ciudad acompañado por una antigua amiga que me contaba sus problemas con su pareja. En el camino me dijo que ella no entendía que pasaba por la cabeza de él, quería comprenderlo pero no podía, lo encontraba algo incoherente. Fue allí donde le hable sobre los cuerpos y la primera pregunta fue. ¿Cuántos cuerpos crees que tienes?
Naturalmente ella me miró extrañada en un principio, luego cuando se dio cuenta que mi pregunta podría tener relación con su problema (uso la lógica) me respondió, “dos”. Pero ¿cuales dos?, le pregunte. “El cuerpo natural y la mente”. Allí está el problema, le dije, dejas afuera los otros dos.
Normalmente nos pillamos hablando con nosotros mismos, o pensando en voz alta. En esos casos estamos seguros que es nuestra mente inquieta es la que nos maneja en esos momentos. O cuando estamos cansados de tanto trabajo o de estudiar, el cuerpo se agota y viene el sueño. Es cuando nos acordamos de nuestro cuerpo físico. También pasa cuando la persona pasa un susto, sea por un acto violento, una película de terror o un relato de fantasmas, el corazón comienza a palpitar fuerte y de repente cae un frio intenso. En esas ocasiones y un millar de ejemplos más, tomamos conciencia de nuestro cuerpo físico ya que el resto del día estamos tan acostumbrados a él que no nos tomamos las molestias de sentirlo como una herramienta. Es más, hay personas que creen ser su propio cuerpo. Esas personas naturalmente no creen o no conocen el alma.
Ya reconocimos los dos primeros cuerpos, el físico y el mental, pero ¿donde están los otros dos?
La mayoría de nuestros sentimientos materializados en el cuerpo provienen de nuestro plexo solar, ubicado cerca del estomago, es allí donde sentimos las mariposas cuando nos enamoramos o bien una ira profunda sobre nuestros enemigos. El tercero, es el cuerpo emocional. Este cuerpo es más que simple sensaciones dando vueltas por el cuerpo, si no lo sabemos manejar, nos puede controlar y desatar el caos social o bien ser el autor de una gran obra de arte. Con este cuerpo, podremos pensar de una forma diferente. ¿A que le llamo diferente? En este caso, a lo ilógico, o abstracto.
La mayoría de las personas incomprendidas, según mi experiencia, tienen un centro emocional potente. Atraviesan los patrones culturales y se vuelven ilógicos, caóticos o bien impredecibles. La emoción no tiene barreras ni miedos como en el caso de la mente o el cuerpo físico.
Por razones culturales y políticas, la humanidad siempre tiende ir o pensar a los extremos. En el caso de lo emocional, las personas con este centro más desarrollado son muy cariñosas, empáticas y alegres. Pero en su versión negativa pueden ser pedantes, antisociales y depresivas. Todo depende de cómo se canalicen sus energías. Personalmente creo que esas características emocionales extremas solamente son una ilusión o reflejo de la cultura, en respuesta de lo natural (equilibrio).
El cuarto cuerpo es el deseo. Este cuerpo en la actualidad lo tienen desarrollado a su máxima expresión la mayoría de las personas del planeta. Naturalmente sumergidas en la híper realidad del mercado, donde nos ofrecen estereotipos por doquier.
El deseo solo quiere, por una razón lógica, lo cual es la mejor forma de darse cuenta de sus síntomas. La mente solo piensa de forma natural, pero no desea saber más que los demás. Eso es influencia del deseo.
Por otro lado, el ego, goza de la existencia del cuerpo del deseo, ya que aprovecha la falsa mascara social para satisfacer sus necesidades narcisistas.
El cuerpo del deseo, o también llamado cuerpo astral, también lo asocian bastante a la sexualidad de la persona. Energía sexual, pero de eso hablaremos en otra ocasión.
El deseo solo quiere, por una razón lógica, lo cual es la mejor forma de darse cuenta de sus síntomas. La mente solo piensa de forma natural, pero no desea saber más que los demás. Eso es influencia del deseo.
Por otro lado, el ego, goza de la existencia del cuerpo del deseo, ya que aprovecha la falsa mascara social para satisfacer sus necesidades narcisistas.
El cuerpo del deseo, o también llamado cuerpo astral, también lo asocian bastante a la sexualidad de la persona. Energía sexual, pero de eso hablaremos en otra ocasión.
Entonces estamos hablando de cuatro cuerpos que piensan diferentes y quieren diferentes cosas. Pero pasa simplificar las cosas ejemplifiquémoslo con una metáfora. Nos enfrentamos a un carro (como el del tarot) que tiene cuatro caballos de distintos colores. Cada uno simboliza a un cuerpo. Uno es color verde, representa al físico. El otro es color azul, representa al mental. Otro es color rojo, representa al emocional. Y el último es color piel, representa al deseo.
Estamos en un carro con cuatro caballos, donde cada uno de ellos quiere ir a un lugar diferente; como no vamos a tener problemas y complicarnos la vida con pequeñeces si nuestros cuerpos no nos obedecen…
Estamos en un carro con cuatro caballos, donde cada uno de ellos quiere ir a un lugar diferente; como no vamos a tener problemas y complicarnos la vida con pequeñeces si nuestros cuerpos no nos obedecen…
El ser consciente, uno, el que maneja el carro, debe conducirlos armónicamente hacia sus objetivos. Generalmente hay personas que piensan tanto con uno de esos caballos que se identifican con él y creen ser el caballo y no el ser consciente que los maneja.
Para que esto no pase hay que tomar las riendas del carro y preguntarle a cada uno de los caballos; (aunque esto parezca un poco loco, pero funciona) algo relacionado con un tema, ejemplo:
Salir a un pub:
Físico: estoy cansado… tengo sueño…
Mental: para que voy a ir si me voy a aburrir
Emocional: genial, podre conversar sobre lo que me gusta y compartir con los demás
Deseo: en una de esas conozco a alguien…
Naturalmente este ejercicio hay que hacerlo con suma honestidad. Si es que nos damos cuenta que un caballo no respondió con la honestidad exigida, es posible que ese caballo te este dominando, por el momento, ya que cada uno tiene su tiempo de domino. Por esto, siempre hay que estar pendiente de cada uno de los caballos y veras como cambian las cosas.
Oz
Oz

